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Wednesday, 9 October 2013

Y nos vamos pa'l mundial

"Faze cola para ir al Brasil"


Y se viene nuevamente la jornada futbolera a nuestras vidas laboriosas de paz y certidumbre, vuelven las eliminatorias al mundial y, evidentemente, como ahora la Selección está muy cerca de alcanzar el codiciado cupo para ir a hacer el ridículo en Brasil 2014, es hora de que volvamos a vestir esa camiseta que nos llena de orgullo solo cuando ganan y están en el tren de la victoria. Ahora todos se van a vestir con la camiseta de la selección y van a quedar como un estúpido y sensual Pacman.

Sé que me vuelvo cansón con eso de los llamados a la cordura dentro de sus gorduras mentales de pensar eso de que bebiendo y alzando cerveza en algún bar están  apoyando a su selección y, por qué no, al país mismo, pero ya es hora de nuevo de emprender esa maratónica jornada de inventar excusas para salir del trabajo, de ahorrar para que nos alcance el dinero y que no nos falte la cerveza y el aguardiente para embriagarnos de placer si clasifica o embrutecernos como bien lo sabemos hacer si la entrada se posterga.

Es que es obvio que mi país verdulero y arribista por excelencia ahora se entrega a las mieles de sentirse importante, de creerse la democracia más sólida de América Latina (claro, es sólida en su corrupción y en el despojo del que hace parte) y de creerse la mejor selección de todos los tiempos, así como cuando eran (no diga “éramos”) tan favoritos para ser campeones mundiales a punta del Pibe y del Tren Valencia… Pero la abultada realidad del fútbol colombiano es que, a parte de los lindos de la selección, no hay bases, ni escuelas de fútbol ni formación que sustenten esos aires de grandeza inventada (como todo lo colombiano – el segundo mejor himno del mundo, etc. -).

De todos modos yo sí hago un vehemente llamado a que se pongan al día en Facebook y en FourSquare y avisen dónde se van a concentrar todos los hinchas wannabe en Montreal y en cada parte del mundo (eso es importantísimo en el mundo aparente del colombiano), para evitarme ese bochornoso espectáculo de ver a un montón de gente forrada en amarillo, de tener que aguantarme a ese montón de hinchas de ocasión con su problema mental y su cromosoma extra.

Yo sé que soy un intelectual enfundado en el cuerpo de un “asshole”, pero el menos nunca he apoyado a la selección y no me hago “bolas” tratando ahora de comprar camisetas y tomarme fotos como idiota en una taberna de mala muerte, no me pego a fuegos fatuos (hinchas: busquen la palabra al menos en google y eviten demostrar la trisomía en el cromosoma 13 o 21 de ese cuerpito meramente diploide en estos educados espacios) creados por Falcao, Masmelli o Ñerófilo…

Y yo sé que hay muchos que sí son hinchas de verdad, esos que apoyaron a la selección después de ese abultado 9 a 0 que les metió Brasil (en palabras argentinas: se los garcharon y los dejaron con el orto viendo al Metropolitano) y de otras innumerables barrabasadas que han cometido los inflados jugadores que creían que ir a jugar un Mundial de Fútbol era como ir a jugar contra el Unión Magdalena o contra el América de Cali… Esos fanáticos de verdad que apoyaron a Higuita después de la recontra cagada bestial que cometió en Italia 90 contra Camerún (ese Roger Milla te bailó sabroso, Mijita) o al menos que lloraron con lágrimas en sus ojitos la muerte de Andrés Escobar por la intolerancia e ignorancia que corre por las venas del borracho.

Aunque no se confundan, espero de todo corazón grande y mano firme (como las A.U.C.) que en realidad clasifiquen para que toda esa gente que goza con las victorias viaje harto para Brasil con su Tarjeta de Crédito Fácil Codensa (todos “nos vamos para Brasil”) y de una vez se hagan el cambio de sexo por allá, en esa tierra de garotas y garotos que parecen garotas con pelotas, porque recuerden mis palabras: un hincha es un hombre que pelea por otro hombre, lo que lo convierte casi automáticamente en un marica. Lo digo con todo respeto, bebés.

Así que vayan, olviden los problemas, los debates de restitución de tierras, el sueño unicameral de Uribe para reacomodarse en el poder, los salarios de los congresistas, y celebren en grande la fiesta del “jogo bonito”, que igual yo los sigo queriendo así con sus taras mentales y sus problemas de aprendizaje, porque los veo con cariño y simpatía, como la que despertaba Joey en “Friends”… siempre los consideraré mis amigos así sea con su inferioridad mental y su deficiencia congénita autosómica recesiva de la glándula tiroidea.

Estamos contigo Colombia!!!


Si quieren saber más de mi pasión a la pecosa, consulte otros articulitos de fina coquetería:


Obrigado!


"Ordem e Progresso"

Saturday, 7 September 2013

Diga "sí" a la Selección y "no" a la Ruana


"Qué le estás haciendo a ese muchacho, mi Tigre"


¿También puedo pecar, cierto? Ahora la pasión “futbolera” se me impregnó en todo el cuerpo, se me metió por debajo de la ruana y sacó el amarillo de la camiseta de mi selección para asirse fuertemente a mis huesos patrocinados por Caltrate, ahora ya quiero ser uno más de los que gritan en el estadio las sendas arengas para con el tricolor nacional.

Porque me di cuenta que soy solo un colombiano más, que critica todo pero no hace un carajo por solucionar nada, que me ufano de tener dos mares, tres cordilleras y tres huevitos pero no muevo un dedo para arreglar algo… pero sobre todo, que soy un colombiano aparente, como el resto de mi país, que ve lo importante en la apariencia y no en la esencia.

Ahora ya estoy lleno de triunfalismo patrocinado por Ricardo Urrego y todos los comentaristas deportivos que ensalzan a la selección cual caldo Ricostilla y dicen que estamos para grandes cosas, como cuando teníamos (según Pelé) la mejor selección del universo y nos sacaron como pepa de guama en ese mundialito de la esperanza, o como cuando los deportes giraban alrededor de Juan Pablo Ángel y su paso por cada equipo en el que sacara la garra.

Es que ya quiero ver a mi selección grande y poderosa como el Tigre Falcao haciendo las delicias de grandes y chicos allá en Brasil 2014, jugando como los dioses del Olimpo que son, haciendo goles al ritmo de batucadas y “jogo bonito”, correteando a las garotas por todos los moteles cercanos a la concentración (cosa que nunca pasa).

Quiero ver grande mi bandera ondeando en las tribunas del Maracaná mientras suena el segundo himno más chusco y coqueto de la creación (en serio, ¿dónde carajos fue el concurso?), quiero ponerme la camiseta, arremangarme la patita y salir a jugar todos los fines de semana con los compañeros de la oficina para así creerme un Beckham más, un Oliver Atom criollo que hace tiros de remate o de recontrachanfle, hacer goles a lo lindo y celebrarlos bailando champeta al mejor estilo de nuestros afro-seleccionados.

Ahora que ya tenemos posibilidades matemáticas muy altas de pasar de “one” al próximo mundial, mi necesidad de aparentar un amor eterno a todas las luchas de mi pueblo se hace más y más grande cada día. Ahora que todos ya estamos enterados de cuántos puntos tenemos y cuántos nos faltan pues ya podemos hacer lo que más nos gusta: soñar y beber todos de él, porque ese es el cáliz de la alianza nueva y eterna que será derramada por vosotros para beber por la selección… haced esto en conmemoración mía.

Es que en realidad los colombianos somos muy aparentes, y pues ahora que ya se acabó la moda de dárselas de campesino (yo soy campesino, mi padre fue campesino y hasta mi iPhone es campesino) y de marchar y hacer protestas hasta en Montreal (¿?), tengo que encontrar otra manera de darle uso a mi tiempo libre más allá de criticar y soñar con tomarme otra cerveza Águila (sin igual y siempre igual)… así pues ahora seré otro “fans” (un fans, dos fans) del equipo nacional que nos llenará de orgullo en esas tierras de “ordem e progresso”.

¿Qué importa que el país se esté desmoronando, o que a Uribe lo saquen a madrazos de todas partes? ¿Qué importa que los campesinos sigan sin qué comer? ¿Qué importa que muchos se vean como una butifarra mal empacada con su nueva y flamante camiseta de la selección (apariencias hijo, apariencias)? ¿Qué importa que el T.L.C. esté a punto de acabar con la producción? ¿Qué importan todas esas “bobaditas”, si lo importante es siempre estar a la moda y la moda es ahora mi selección y beber gracias a ella?

Ayer se protestaba y se hablaba tan bonito del campesinado que era la sensación, pero ese amor es un periódico de ayer que nadie procura ya leer: “sensacional cuando salió en la madrugada, a medio día ya noticia confirmada, y en la tarde… materia olvidada, el paro es un periódico de ayer”, gracias al fútbol todo vuelve a ser normal en el mundo del amor baboso, en el país de lo aparente nada ha pasado, así en el Putumayo y otras regiones olvidadas que como capitalinos poco o nada nos interesan sigan en protestas porque no sólo tienen hambre sino que más encima les queman sus cultivos y sus semillas.

Así que gracias mi Selección Colombia, gracias a Pinturas Terinsa (la otra pintura de calidad), gracias a Cerveza M-Aguila, gracias al tiro de esquina tarjeta débito Conavi, úsala en cada esquina (lo siento, hace mucho que no veo un partido) y póngale color hermano no bolivariano a esas camisetas, píntelas de amarillo que yo se las coloreo.

Y por último recuerden prenderle velitas a la moza del Bolillo, sin ella no estaríamos ad portas de "la cita orbital".

P.D.: Sigo siendo “fans” de Falcao, es taaaaaaan lindo…