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Sunday, 30 December 2012

El año del NO

"Dije que nooooo!"

Este año ya se acabó, maldito 2012 no trajo nada interesante para la humanidad, ni los mayas, ni el cinturón fotónico, ni la princesa del Japón (pom pom pom poooom), ni los reptilianios ni a Nibiru ni los tres días de oscuridad, ni nada… otro año internacional del olvido.

Claro que hubo cosas buenas, como por ejemplo ver la carota de idiotas de todos los que promulgaban el fin del mundo y compraban velas aromáticas y lociones de sándalo para librarse del demonio y de sus cofrades, fue bueno ver como la superchería y la estupidez colectiva se apoderaban de las mentes inferiores con el pretexto de acabar con el mundo (como si le faltara poco para que lo acabemos). Fue genial ver como una vez más la ciencia prima con su luz diáfana sobre la sombra pútrida de la ignorancia.

También vimos las actuaciones desastrosas de tantos personajes de la política como la de Petro y su estado fallido, a Luchito jodiendo la vida y no sabiendo dónde carajos aterrizar con sus monerías pendejas, al vicepresidente y su festival internacional (e inter-chorizal) del humor, a los verdes diciendo pendejadas (como siempre), a Simón el bobito firmando sin leer, al procurador que procura mucho meterse en el útero de las mujeres con su poder mesiánico y muchos más hermosos “calados” de los congresistas excrementales.

En lo personal sí me dejó algunas cosas, no todas las que quería, pero me dejó mucha diversión de todo tipo: diversión corporal, mental y psicológica; me dejó satisfacciones y enseñanzas, como la de nunca dejar la ventana abierta en invierno, que la decencia viene de la cuna y no de una cucharada de bienestarina o del Tarrito Rojo, o que tratar de educar a la chusma es casi imposible. Pero me dejó, aparte de todos esos apartes, una graciosa lección que quiero implementar para este próximo año: el NO.

Porque no nos hagamos tarugos, yo no nací para ser mujer (como lo dijo sabiamente mi madrecita santísima): soy descuidado, facilongo y de moral distraída (bueno, eso en algunas mujeres también está presente), no me mido en nada de lo que hago, pachangueo mucho y no me niego a nada (como una cualquiera).

Es que decir esa pequeñísima palabra negativa es muy difícil mis amados cofrades, y no es porque yo necesite aceptación de nadie (no necesito felicitaciones, mi propia aprobación es suficiente para mí) ni porque le deba algo a alguien, simplemente decir “no” se me dificulta mucho. No me niego a nada (ni a nadie) y no tengo límite en mi espíritu dativo hacia los demás, mejor dicho, casi un santo.

Pero ya me cansé, me aburrí, me fastidié y sobre todo me mamé de decirle que sí a todo: me puedes ayudar con esto? quieres ir a tomar? salimos a hacer nada en el metro? hacemos cositas? Me perdonas? y más perlas por el estilo me sacaron de quicio, acabaron con mi buen genio y ahora diré: NO.

Debo decir que yo soy muy buena gente (gueva gente mejor) y pues quiero hacerle el bien a todo el mundo (inserte lágrima aquí), pero es que en verdad se pasan… una cosa es hacer un favor y otra que te cojan de pendejo… que sepas arreglar algo o que seas bueno en algo no significa que tengas que ayudar a todo el mundo, faltaba más; lo más triste de la situación es que cuando ya no estés dispuesto a hacer algún favor vas a salir a deberle al individuo “conchudo” de turno. Frases como “cómo has cambiado”, “ay ya no te importo” saltan al primer rechazo, olvidando claramente que es un FAVOR, te voy a hacer el favor infeliz!!!

Por ello ahora acepto, “I embrace”, esta nueva teoría del NO, de decir no, de ser asertivo, y no como una política del negativismo ni del pesimismo, NO, como una política de estado bien definida para mandar a la recalcada concha de su madre a todo aquel que se quiere pasar de “piña” conmigo (si yo sé, es una palabra horriblemente costeña pero eso no la desvalora), que se vienen a disfrazar de víctimas o de agraviados cada vez que uno NO quiere o NO puede hacer algo.

No puedo, no quiero, no se me da la regalada gana, no estoy, no voy, no te voy a aceptar más en el Facebook, no te voy a llamar más, no te voy a contestar, no me pica la lengua para decirte gorda (no me gustan las gordas), no aguanto que seas tan ñero, no me gustas, no voy a hacerte nada porque estás horrible, no voy a ir porque vives en la mismísima mierda, NO, NO y NO será mi palabra monosilábica de este año 2013 la cual pondré en práctica desde el 1ro de enero de ese año impar que se aproxima. No voy a dar explicaciones porque NO se me antoja!

Y así, con esa vaciada, con ese costalado de “NO” me despido de este año malicioso, de este año que me provocó risas y nauseas, que me trajo de todo y para todo, que me dio una satisfacción llana que no analizaré acá pero que me hace cagarme de la risa cada vez que la recuerdo, pero que me quedó debiendo algo chiquitito y flaquito (repito no me gustan las gordas) de magnas proporciones que me soñé todos los días, de algo delicioso, realmente delicioso, que tengo entre manos…

Sin más que decir, en mi última frase, utilizaré por ahora la palabra antinómica del año y diré, al sonsonete de Joselito: Yo si olvido al año viejo, porque no me ha dejado cosas muy buenas, ni me dejó una chiva ni una burra negra ni una yegua blanca ni una buena suegra…

Fin del Comunicado.

P.D..: NO, NO voy a poner posdata! NO!

Monday, 13 February 2012

Charada Verde


"La bicicleta verde ayer se me perdió"

Colombia, donde la política se inventa y se re – inventa día a día, no por cambios filosóficos de sus participantes, sino por el color del dinero y del hambre burocrática, donde todos cambian de color, se reciclan partidos, se crean nuevos y se mimetizan los antiguos, es el escenario de un nuevo esperpento basado en esa rica tradición: El partido Verde.

Un partido pegado con buenas intenciones, lápices y Mockus, con actores y juventudes en Facebook que nunca se materializaron en las mesas de votaciones en aquella elección presidencial, aquella en donde era evidente que iba a ganar el candidato del gobierno, apoyado por toda la gran maquinaria del estado al servicio del presidente de ese entonces; pero de la ilusión de la ola verde se pasó a la risa y al ridículo, no solo con el discurso que dio el candidato en esas fechas sino por ver en que payasada se convirtió después; y por las siguientes razones:

Primero, el candidato principal fue despojado de su título, de su mal liderazgo, por las mañas y argucias del recién llegado Peñaloza (tan genial él que se adapta con su forma camaleónica a cualquier política). Además, debemos recordar que este personaje (Peñaloza) fue quien vendió al electorado bogotano la sublime idea de que el progreso es cemento y que la ciudad mejora a medida que él, con su don de urbanista y de uribista verde, implanta más bolardos, repara calles y coloca relleno fluido en las avenidas, en las troncales de Transmilenio que se desarmaron poco tiempo después (error por el cual estamos pagando todos los días). 

Segundo, su eminencia en el liderazgo, el adalid de la justicia obrera y trabajadora, aquel hombre que se levantó de la pobreza y del anonimato para convertirse en Alcalde Mayor de Bogotá y luego, como buen malabarista que es él, convertirse en la pareja de baile del Dr. Álvaro Uribe en la campaña a la alcaldía (cosa que me llenó de asco y de risa), no sirvió más que para acaparar la atención  de los payasos y de los desorientados. Es que a Lucho nunca le ha faltado gracia y picardía para mimetizarse en el ambiente en que lo pongan y hablar todo en sentido burlesco, jocoso.

Y tercero, ahora lanzan un comunicado típico de su falta de brújula política, de su falta de vergüenza y de estrategia, argumentando que no están a favor ni en contra del gobierno, diciendo que no son ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. 

Que falta de respeto con el pobre electorado que botó su voto con ellos por el sueño de una Colombia mejor (debería hacerse un Reality que se llame “Votando por un sueño”); que falta de respeto con todos aquellos que creyeron alguna vez que ese triunvirato virĭdis iba a servir para algo.

Espero que el nuevo color que tomen ahora sea el que más les conviene: el negro, el color del muerto y del funerario; porque el color verde, nos damos cuenta ahora, no era más que un simple y vano esfuerzo por acoplarse a la moda ecológica en todo el mundo, moda cautivante pero más costosa en muchos aspectos.

Qué lástima y que tristeza me dan esos pobres políticos acuartelados en esa mezcolanza, en ese menjurje de ideas cortas y barbas largas; pero no debemos jamás preocuparnos por los políticos, esos pobres seres que en aras de sobrevivir en ese mundo volátil de la política, realizarán nuevas y astutas maniobras para quedarse en el poder o al menos, con una parte de la torta burocrática, así les toque bailar con la más fea (nota: no le estoy dando ningún apelativo peyorativo al megáfono de la fiesta a la alcaldía ni a aquel que lo portaba).

P.D.: No les dará al menos un poco de escozor que Petro con su partido de rápida creación les haya ganado tan fácilmente? 

Otra: En otro artículo hablaré de otra gran exponente de la gracia del Partido Verde: Gilma Jiménez, una persona tan astuta que utiliza su pobre conocimiento de las leyes para mover masas ignorantes que claman sangre en vez de justicia.