Monday, 19 January 2015

Hail a los Psiquiatras

'Amárrenos, pensamos...'

Ah… los amantes de las locuras de los otros, aquellos que dicen que si uno piensa es un anormal, que si uno no piensa es anormal pero en otros términos, que si uno anda triste ya es depresión mestruante, que si uno anda feliz es que es maníaco, si uno se levanta con el genio por fuera es que ya es psicótico y así puedo continuar por los siglos de los siglos. ¡Idiotas!

Porque ellos lo saben todo y pueden hasta retenerlo a uno con alguna ley extraña o emitir conceptos sabiendo que sus vidas están llenas de huecos y demás, donde todo lo ven con el cristal cortado de unas teorías venidas de mentes más retorcidas que las de ellos mismos, no voy a hablar de los ‘doctores’ en psicología porque ¡NO SON DOCTORES! Al menos los primeros sí se quemaron las pestañas y no andaban leyendo a Paulo Cohelo para presentar un examen con libro abierto.

Pues bien, he aquí otro loco que se reúsa a rendirles pleitesía y a verlos como iluminados; sí, soy algo colorido y qué, no significa que puedan encerrarme arbitrariamente para ponerme a pintar o a hacer vasijas con mocos o con UHU como lo hacen con aquellos que sí están locos, como aquellos pirómanos y demás; además a estos soperútanos ¿quién carajos les dio el derecho de juzgarnos, solo porque tienen un papel colgado en la pared? ¿Solo porque se ponen una bata blanca como un heladero o un carnicero de la cabeza?

'Siga no más para su lobotomía'

Porque lo normal es estacionarse, conducir y comprar, y reír como un soberano imbécil a lo que digan todas las personas, no decir ninguna verdad porque ya se ofenden por cada nimiedad o verdad, ver televisión y tragarse como un pepino gigante toda la basura que muestran para embobar a las mentes y adoctrinar a cada pela gato que mira novelas y demás, y comer y trabajar como unos entes que fueron masticados y escupidos para luego ser pisoteados hasta en la más mínima humanidad de sus mentes.

¿No se dan cuenta de cómo es este puerco mundo con tantas revolturas? Cada día es una prueba agonizante como balancear un bote de agua hirviendo en el meñique sobre la cabeza mientras la gente te golpea las bolas (o los ovarios, a gusto del cliente) y el trasero.

¿Creen que estoy loco? Tal vez, en mayor o menor medida que los demás, pues la única enfermedad que tengo es la vida moderna, un eterno sufrimiento de ineficiencia e inoperancia y miseria que es un largo desfile de decepción, desaires y engaños, exclusión, frivolidad, traición, bobería, badulaques y vendedores de mentiras compactadas como una lata de atún rellena de porquería, todos haciendo cada día tan divertido como apagar un auto en llamas con la lengua en donde aún si uno tiene la suerte de la posibilidad de un poco de placer como digamos que una operadora telefónica ninfomaníaca con el control muscular de una acróbata rusa, esta misma te saldrá atracando para así completar el círculo de la miseria en el que vivimos.

'Posando para luego rascarme las pelotas'

También esa ‘bella vida’ nos trae taxistas vándalos o ladrones (casi todos, no se engañen) que preferirían arrancarnos la garganta con una llave inglesa o dejarnos medio bobos golpeándonos con el taxímetro adulterado que llevarnos sin rechistar a nuestro destino, o esos parásitos que arreglan huecos en las calles que prefieren rascarse las pelotas y olerse los dedos después de ese ‘magnánimo’ ejercicio que hacer su mísero trabajo mal calificado de echar tierra a un puto hueco, o que te toque la suerte de conocer a un nuevo brujo de santería que te golpea con su bastón de mando (ah esos son los de la Pacha Mama) y te deja un morado del tamaño de una bola de baloncesto a la que solo le falta un autógrafo de Michael Jordan para cerrar con broche de oro el abuso del animal al volante.

Y aún con toda esta miseria acumulada tengo el valor visceral de levantarme de mi cama a revivir día a día ese sufrimiento agónico que me golpea hasta los intestinos sabiendo bien que cuando finalmente muera y me ponga la pijama de palo ni siquiera estaré ahí porque algún estafador me robará el ataúd y luego venderá mis órganos, mi hígado, mi corazón y cualquier otro órgano medianamente sano para los tales santeros y para seguir esquilmando incautos de poco cerebro y anchas billeteras, prestos para pagar cualquier dinero así sea prestado para atar al ser amado o para ganar la lotería de la Panchita.

'Miren la cara de pelutuda que tengo'

Por eso alguien se preguntará ¿por qué demonios alguien puede aguantar la supuesta cordura del mundo ajeno a la humanidad en el que vivimos mientras que la ‘naturalidad’ juega sucio con todo aquello que nos es querido o al menos apreciado? y ¿luego se preguntan por qué parezco loco?

Esa locura es la única que me permite sobrevivir a semejante espectáculo dantesco que se presenta a nuestros ojos cansados de ver pantallas o de esquivar buses de la muerte, es lo único que me aleja de comprar un raticida para llenármelo en las tripas para no levantarme más a este infierno lleno de gente idiota o/y vacía que deambula como zombies bien entrenados para la satisfacción de un sistema al que le importo un bledo (por no decir un culo).

Aunque debo admitir que yo también quiero pertenecer a esa masa amorfa de alegres zombies estúpidos que se ríen de cada cosa que diga la gente hueca que abunda en espacios reales o virtuales con chistes más antiguos que su misma miseria, un imbécil más que mire las telenovelas de cualquier canal para apagar por fin la ‘pensadera’ con historias fútiles de narcotraficantes, violadores o asesinos, o asesinos violadores con acordeón, o ¿no se acuerdan de la vida que segó el bienaventurado parlante ese que tiene hijos a diestra y siniestra, el tal Diomedez no se qué (evitando demandas)?… el fetichismo de ver ignorantes en la caja boba.

Pero bueno, para eso están los psiquiatras, para medir con su vara a quienes están en su grado de cordura estúpida y para juzgarnos a los demás como locos disvariantes que merecemos estar institucionalizados y de paso drogados para conveniencia de la sociedad de idiotas y, obviamente, para sus abultadas billeteras que les permiten mirarnos por debajo del hombro al creerse los reyes de la colina.


¡Fin del Comunicado!

P.D.: Por favor, 'de por Dios o por la Virgen', oféndanse, igual me importa un soberano pepino lo que piensen algunos, cada uno tiene sus verdades y no es mi trabajo cambiarlas... Ah, y 'bloquemen', ¡igual ya tengo experiencia!

Wednesday, 14 January 2015

Todo da Cáncer

'Maldito y sensual cáncer'

Estamos en la era de la súper carretera de la información, el internet (o la internecs) nos llena de datos sumamente importantes como noticias y demás que nos sirven para saber a cómo cerró el yuan o cuánto vale una mazorca en Bolivia, cosas importantísimas. Pero también nos llena la cabeza de una sarta de mentiras o de banalidades como la supuesta alineación del universo con el planeta tierra, con el centro de la ‘galatzia’, cosa catastrófica que nos iba a dejar a oscuras durante unos días como para que reflexionemos en Alá, Alé (tú y yo, alé alé alé – Ricky eres mi héroe), Yahvé y demás… finalmente no pasó nada, como siempre.

Pero la cosa más jodida que se presenta en este mundo de pseudo estudios y verdades a medias pegadas con la primera baba de la mañana es la información del cáncer. Sé que es una cosa muy grave y seria hablar de una enfermedad tan terrible y delicada, pero lo que me parece más grave es que supuestos científicos de todo el mundo hablen con propiedad de cada cosa que atañe a semejante mal.

Vamos por partes: unos dicen que no existe, que todo es un complot de las grandes farmacéuticas para tenernos controlados con los Illuminatis a bordo; otros dicen que sí existe y que estos ejes del mal que venden pastillas ya tienen la cura pero que no la venden porque se les acabaría el negocio (socio); otros afirman que es solo una reacción alérgica al medio ambiente que se ha deteriorado por culpa de los reptilianos, y etc., etc., etc.

'Eso con tanto color debe ser cancerígeno,
de la corporación Umbrella'

Estudios y comparaciones aparecen en todo el mundo, cosa que uno ya ni sabe qué carajos creer, lo más importante para aprender de todos estos supuestos estudios de universidades de todo el mundo (la universidad ‘Patito Feo’ y demás) es que todo, absolutamente todo da cáncer... hasta el Whatsapp te da cáncer en los dedos.

Empecemos: que si comes manzanas convencionales te da cáncer porque se oxidan muy rápido y te oxidan por dentro, que si comes banano te sale banano en el banano y juaz, te engordas, que si comes mandarinas te cae la maldición del chiconguña porque te hace ‘dulce’ para el moscorrofio ese, que el microondas te modifica el gen porque como es hecho de energía termonucleónica obviamente te da cáncer hasta en los testigos. Que si comes carne roja te crecen tumores por todas partes, que si comes pollo te salen tetas (si lo dijo Evo debe ser cierto); también se asevera que el wirififi y las ondas electromagnéticas con las que vivimos alteran el cromosoma 21 (el que lo entendió lo entendió) y cambian las ondas alfalfa que regulan el sueño, que te salen protuberancias y que de pronto se te tuerce hasta el ojete por tanta ‘radiación’… dicen otros entendidos que la mariguana te da celulitis… Oh mon Dieu!, ¡se me corre el DIU!

'Vean cómo me quedaron por tanto pollo'

Sigamos: que si tomas Coca – Cola te estás embutiendo como 235764 cucharadas de azúcar y 78 grados de colorantes que de paso te broncean (azúcar, flores y muchos colores, como las Chicas Súper poderosas), que el cáncer es un hongo curable como el que le inocularon al pobre de Chávez a través de su sudadera elegantísima, otra delicia es que la luz halógena te daña las pupilas y de paso las papilas gustativas (vaya una a saber porqué c&%o) y que la comida mutagénica de las grandes corporaciones te dañan el hígado el vaso y te llenan la copa del cáncer hasta el infinito y más allá.

Así pues, todo da cáncer, la piña, la guayaba (por el gusano interno), la soya, el Nestea (sea con o sin gas)… por eso ya no sabemos qué demonios comer porque vaya a ser que le de un cáncer en las pestañas o en las uñas o en las mucosidades matutinas. Y ahora que se murió Chespirito ‘¿quién podrá ayudarnos?' ¿Tal vez Merck o Merkel o el poderoso Obama? Vaya a saber uno…

Por eso yo propongo que volvamos a la era de las cavernas en la cual las personas vivían muchisisisisisísimos años sin penicilina o sin microondas o sin elementos sanitarios básicos, una era de oro donde Matusalén y toda su corte (y sus cohortes de paso) vivían de lo lindo rodeados de ovejas y cabras (no cabros porque los pasaban al papayo) y duraban como 900 años, una era hermosa donde sin bañarse (porque el jabón también da cáncer y Capricornio) se reproducían más que las arenas del desierto y eran más saludables que una sal de frutas.

'!Matusalén Sabeeeee!'

Arrojémos entonces todos esos aparatos del mal, el televisor que les gusta tanto, la nevera, el calentador, las ollas (porque el teflón también mata), la arrocera, los platos de porcelanicrón, etc. y volvamos a prender leña y a cazar animales en la pradera para así volvernos sanísimos y vivir hasta que San Juan agache el dedo.

Queridos hermanos, entreguemos nuestros bienes y paguemos a todo mercachifle que venga con cara de sabiduría amazónica, de la pacha mama o de olores ancestrales de la India y evitemos todo el cáncer hasta en el horóscopo.


P.D.: Y eso que no hablé de los enemas de sales minerales y sodas caústicas que hay que mandarle al pobre colon para que se purgue, cosa linda por la que pagan un jurgononón de dinero en Vida Plena y demás lugares ‘chafas’…


P.D.2.: Este blog es patrocinado por las grandes compañías farmacéuticas de mi cuadra para que les de cáncer de medias y tengan que comprar más en su tienda de confianza. 

Disclaimer: Este blog no pretende ofender a 'nadien', sean judíos, pentecostales, católicos, mormones, árabes, musulmanes (sobre todo a esos berriondos) y ningún animal o creyente fue lastimado en el escrito de estas lineas (toca andar por la sombrita vaya que le peguen su guarapazo los buenos muchachos aquellos)

Wednesday, 31 December 2014

Se Cierra el Telón

'Everything is a fucking joke' 

Mucha gente afirma que soy un tipo bastante amargado, cosa que encuentro sumamente cómica, no porque lo niegue sino porque me parece creíble tal argumento, ver el mundo sin máscaras puede provocar ese tipo de efectos en el comportamiento de los demás, a veces me alegra ser el único que se da cuenta de la hipocresía, pero luego sueño con al menos creer en algunas mentiras para que mi vida fuese más fácil, creer en dioses, mujeres o políticos.

Pero hay una faceta más extraña de la personalidad que me asusta: el ser un payaso. Siempre lo he tomado como parte de mi mismo ser, he tratado de reír para no llorar en este mundo que nos ha tocado vivir, frente a la banalidad del mundo y ante la mentira campante (incluyendo mis desatinos) no queda otra que cubrirse de risas cuando incluso estás a punto de quebrarte, de llorar profusamente o de caer al suelo.

Y créanlo o no es muy difícil ser un payaso, enfrentar la vida sin amarguras porque perdió la selección o porque nos va a gobernar nuevamente la ignorancia de la guerra es una tarea hercúlea que requiere de toda la habilidad para reírse  del infortunio general y del particular, pero todo eso cansa.

Uno ríe, hace algún chiste y suspira por dentro, las palabras arrancan las sonrisas de alguna linda mujer, algunos ríen a la par, otros simplemente se ofenden al escuchar una verdad enmascarada en la comedia y todo sigue igual, la gente no cambia y uno tampoco, se descorazona el cuentero de turno y se miente nuevamente para reír de todo.

Supone un esfuerzo mental inmenso, sobre todo porque todo el mundo espera que uno siempre diga algo gracioso y perspicaz, algo que los divierta y los saque de la rutina a la que están tan habituados, pero como dice Héctor Lavoe ‘pero cuando el show se acaba, soy un humano cualquiera, y vivo mi vida, de risas y penas, de momentos gratos y de cosas buenas’ porque lo importante es que vinieron a divertirse, los payasos no tenemos problemas ni tristezas.

Pero a veces hay que recordar la fatalidad del mismo asunto, la risa puede ocultar muchas penas, el maquillaje y el pantalón abombado pueden ser suficientes para convencer a los demás de que ‘la estamos pasando muy bien’, pero finalmente, todo es un montaje, una elección para que no vean que tras las pinturas y las carcajadas solo estamos como los demás, tristes y vacíos, viendo un mundo que se autodestruye lleno de personas falsas y frías.


'... y eso me repugna'


Así como la vida tiene un límite finito, también las risas y la comedia lo tienen, también el alma se vacía y se arruga de una manera en la que nadie puede reparar, por eso solo queda seguir caminando hasta que podamos beber del Leteo para que por fin podamos olvidar que solo somos payasos, una anécdota, un pié de página, beber del río del olvido para continuar hacia el Hades sin el peso del desastre que supone hacer reír a los demás.

¿A dónde vamos los payasos cuando morimos? ¿Al cielo o al infierno? ¿A quién acudimos cuando se nos cae la máscara y vemos que todo lo hemos dado para que la gente se divierta y nos hemos quedado con nada? ¿Podemos llorar al menos? No lo creo, simplemente seremos reemplazados por otros comediantes más avezados y astutos que cerrarán el telón llenos de aplausos y ovaciones del público que paga su boleta y solo quiere divertirse.

Por eso un famoso chiste cuenta que un señor llega descorazonado a contarle sus penas a un psicólogo, el paciente le dice que ya no puede más, que solo siente tristeza y amargura en su corazón, que la vida se le ha vuelto insufrible e insoportable y que ya no sabe qué hacer, a lo que el psicólogo le dice: 'lo mejor para eso es reír, escuché que el famoso payaso Pagliacci se encuentra en la ciudad', le dice que lo vaya a ver y así olvidará al menos momentáneamente sus tristezas… El hombre se suelta a llorar incontrolablemente, le dice ‘pero yo soy el famoso payaso Pagliacci’… Se cierra el telón y el chiste se entiende por sí mismo.

¿Cuánto tiempo podremos los simples payasos seguir estallando en carcajadas, muecas y suspiros hasta que todo eso se convierta en un solo llanto estrepitoso que deje salir nuestras propias penas? No creo que encontremos algo o alguien que nos consuele, porque solo estamos para divertir, para decir cosas graciosas, porque cuando ya el payaso no sirve lo mejor es cambiar de espectáculo y seguir con la vida sin que esas nimiedades te afecten, finalmente, el telón se ha cerrado y la función ha terminado… ahora ya el payaso solo queda para ser descartado y olvidado en el fondo del teatro, no importa cuánto nos haya divertido o servido, solo debe ser puesto en el cajón y recordar las risas sin preocuparnos ya nunca jamás por él.


Queremos ver la cara que pone el payaso cuando acaba la función…

P.D.: Con todo lo que me ha acontecido en este año malicioso veo que las risas que pueda yo provocar no son moneda de cambio en este mundo, pero el que es nunca deja de ser, así que seguiré con la payasada hasta que me cambien por otro que los haga reír más.

Sunday, 30 November 2014

La Mujer del Paradero



Son las 6 de la tarde de un día como cualquier otro, un día frío en el que asoma la tormenta vaticinada por el viento que arrecia desde todas direcciones de la calle. En la acera está una mujer que parece solo un añadido más del paisaje de la cuidad, atrás de ella está el paradero que es utilizado para guarecerse someramente de la lluvia o del frío y en otras contadas ocasiones para algún encuentro amoroso o de tipo carnal.

La mujer es delgada y alta, de ojos negros igual que sus cabellos, los cuales además son de un lacio hasta señorial que hace juego con su traje ejecutivo de blazer y falda de color oscuro también, rematando con unos zapatos de tacón no muy altos. Se ve rara y esquiva, como recordando cosas pasadas, como extraviada entre sus pensamientos del ayer y del mañana, como tratando de encontrar sentido a lo que pasa diariamente en su cabeza.

Recuerda su infancia que, aunque humilde, fue placentera en ciertos aspectos: el cariño de su madre, las escondidas con sus hermanos, los peinados que le hacía su abuela venida del campo, las comidas que, sin ser copiosas, llenaban su estómago con tal placer para el paladar que siempre quedaron impregnadas en su memoria. Recuerda también los eventos tristes de su pasado, como su padre esquivo y mujeriego que hacía sufrir a su madre con sus deslices, los golpes que recibió por parte de éste y algunas veces de sus compañeros, sus decepciones amorosas que la llevaron a entregarse al primer individuo que le prometió amor eterno para luego hacerla aparecer en el pueblo como una vagabunda más.

Porque ella viene de un pueblo, no perdido pero si lejano de estas grandes moles de cemento y de gente indiferente, viene de un lugar un poco más verde y menos gris, de una ciudad pequeña en la cual los barrios y las manzanas todavía son forma de localización precisa, donde es más fácil preguntar al tendero que buscar casa por casa. Una pequeña población de tierra caliente que le daba para andar más ligera y con menos atavíos que los que usa en esta ciudad llena de gente pretenciosa y prejuiciosa con el migrante, que mira con malos ojos unas camisas de manga corta o una falda de vuelo de colores, que prefiere la sobriedad y el supuesto buen gusto antes que el color y la alegría.

Recuerda también cómo llegó, con un poco de esfuerzo por parte de su madre quien siempre la alentó a salir de esa ciudad y avanzar, que la motivó siempre a seguir estudiando para concretar sus sueños y llegar hasta donde ella en su simple rol de madre de familia no pudo llegar. Ve pasar todas las penurias que vivió mientras estudiaba, pero siempre con una sonrisa a pesar de no tener algunas veces el dinero suficiente para estar a la par de algunos de sus compañeros quienes por vivir en donde sus padres se podían dar el lujo de malgastar algunos pesos en diversiones varias. Recuerda sus pequeños romances que consiguió gracias a su bella sonrisa y su rostro iluminado que deseaban conocer los hombres y que repudiaban muchas veces las mujeres. Siente a veces el calor de unos besos y de abrazos que vivió en esos tiempos con amores que llegaron y se fueron por la ventana de la tristeza que ella juró siempre mantener cerrada.

Unas gotas empiezan a caer sobre la capital, la tormenta es inminente y el viento arrecia fuertemente contra cada cosa que encuentra, algunos corren presurosos a guarecerse mientras los perros hacen lo mismo y las señales de tránsito parecen torcerse por la fuerza de la ventisca y el agua que empieza a aparecer, pero ella sigue ahí inmóvil, impávida ante las fuerzas de la naturaleza con su pelo alborotado por el viento, sigue pasmada recordando todos los eventos que la llevaron ahí.

Ahora tiene en su mente los recuerdos de la alegría de su grado universitario con el que presumía tanto su madre, las lágrimas de ésta por primera vez se convertían de ser tristes o calladas a ser de júbilo y orgullo al ver a su hija recibiéndose como toda una profesional, las lágrimas de su madre le llenaban también de agua sus tristes ojos, sentir esa pasión la hizo sentir más viva que nunca; no estuvo mucho tiempo buscando trabajo, sus notas siempre fueron buenas y su belleza le abrió muchas puertas llenas de hombres deseosos de aprovecharse de su posición para intercambiar un puesto o un ascenso por cosas más carnales, a lo que ella siempre respondió con sutiles negativas hasta que conoció a Mario, un hombre alto que también empezaba en el mundo laboral dentro de otro departamento, pero que muy pronto se fue ganando el corazón que ella había abandonado por un tiempo.

Así empezó la historia, llena como todas las demás de risas y halagos, de regalos y flores, de amor y convicción y de juramentos eternos, tan eternos y serios como el anillo que Mario le regaló al año de estar saliendo en un elegante restaurante francés para pedirle que se casara con ella. Ella no lo dudó ni un solo instante y entre lágrimas y sollozos aceptó vivir el resto de sus días con quien era sin duda alguna el amor de su vida.

La tormenta solo parece arreciar como los pensamientos que se arremolinan en la cabeza de ella, de esta mujer que ahora solo parece una sombra en medio de los vientos fuertes que vienen acompañados con hojas que se han desprendido de los árboles, ella sigue ensimismada en sus pensamientos sin importarle la inclemencia del clima.

Es tiempo para recordar cuán feliz fue al principio de su matrimonio, la ilusión de contraer nupcias la llenaba de un regocijo increíble, de una satisfacción y completitud que nadie podía arrancarle de su pecho, ni siquiera aquellas arpías inclementes que se arremolinaban a preguntarle de mala manera acerca de su compromiso con Mario y de los posibles problemas que iba a acarrearle tal hombre del cual ya hablaban mal desde que empezó a salir con ella… Ella siempre desestimó esas palabras mal intencionadas con la fe puesta en su amor verdadero.

Los días parecieron eternos hasta que llegó la anhelada boda, con regalos y suspiros, con danzas y bebidas, con comida y amigos, con su madre a su lado y su padre presto para entregarla al hombre que ella había escogido como marido y padre de sus futuros hijos; se sintió flotar cuando dio ese ‘sí’ definitivo frente al sacerdote y ante Dios, dando gracias a los cielos por haberle mandado tan valioso hombre en ese bello esmoquin que ella misma había elegido para él. Ella, radiante con su blanco velo ahora estaba completa, lista para asumir su nuevo rol de señora de su señor.

Pero no todo es felicidad, la convivencia solo fue demostrando que limar las asperezas que al principio no parecían importar ahora parecía un imposible, sus mismas mañas heredadas de su madre y el machismo cada vez más marcado de Mario fueron ensombreciendo poco a poco su rostro, su mirada a veces ya se veía cansada y marchita, ¿se había equivocado de príncipe azul? Tal vez no, tal vez era ella quien estaba echando a perder tan valioso hombre que la había escogido por entre todas las cosas, ahora ya no sabía qué pensar.

Raudamente el agua va cayendo copiosamente como disparada por algún rifle en el cielo, la gente ya no se ve en las aceras y las calles se están empezando a inundar como lo hacen los ojos de ella, de esta mujer inmóvil como una roca a la que el viento no puede mover, con toda ella empapada hasta los huesos y fría como la muerte misma sigue rígida esperando algo que nunca va a llegar.

Ya solo quedan los recuerdos de esa relación fallida que se deterioró aún más cuando ella, en un intento por salvar su relación del abismo al que se aproximaba, descubrió que no podía concebir hijos, las innumerables pastillas que tomó durante su vida ahora le pasaban una cuenta de cobro con un simple ‘lo siento’ de los médicos que por años dijeron que era lo mejor para su salud sexual. Los hijos que no iban a venir marcaron la debacle de toda la relación, ahora su otrora hermoso esposo se había dedicado, al igual que su padre, a la bebida y a lo que era claramente el concubinato de otras mujeres que iban y volvían, que le enviaban mensajes que él borraba creyendo que ella no los descubriría jamás, evadiendo llamadas o enmascarándolas con nombres empresariales. Las ausencias de él se hacían cada vez más pronunciadas y se veía claramente un dejo de violencia e ira en sus ojos, un odio reprimido por esa mujer que lo ataba a una relación sin futuro.

Recuerda una tarde en la cual, llegando él fuera de sus cabales por el alcohol, abusó de ella como si fuera un simple trapo de la cocina, aquel momento cuando se rompió por fin ese cántaro de mentiras y tristezas, ese momento preciso en el que ella dejó totalmente de amarlo, cuando empezó a aborrecer a ese hombre que la había maltratado psicológicamente durante varios años, aquel hombre que no era lo que ella había pintado con crayones en su cabeza.




El torrencial aguacero parece un diluvio universal, las alarmas de los carros se activan y parece que hubiera llegado el fin para todos, mientras ella solo se aferra a sus últimos pensamientos, a sus últimas confesiones para sí misma.

Ya solo le queda recordar aquella mañana en la que ella, consumida por la rabia y el desespero de vivir con un hombre que no amaba y que la había transgredido de maneras indecibles e indelebles, simplemente vio como dormía profundamente, su sola respiración le parecía insoportable, su presencia la fastidiaba infinitamente… el último recuerdo que queda ahora es el de la sangre que brotaba del cuello ahora cercenado de quien antes fue su amor, el recuerdo ligero de su mano tomando el cuchillo más grande de su elegante cocina, aquel que había puesto en su lista de regalos muchos años antes, blandiéndolo contra ese horrible ser que estaba en su lecho, recuerda los gritos ahogados en sangre de su ex amante cuando la miraba con ojos de terror al sentir el acero que le había cortado, el terror que luego fue aún más grande viendo como ella descargaba toda su violencia y frustración contra su pecho infligiéndole puñaladas en sus brazos con  los que él trataba de defenderse.

Fueron 30 o más cortes que le hizo a ese cuerpo que antes adoraba, no podía estar segura, solo la sangre que pintó todo el cuarto y la cama eran testigos de tal carnicería que ella cometió en esa mañana. Ahora ya nada quedaba de él, ni su olor, ni su respiración, nada.

Finalmente ella se arregló como lo hacía todos los días para ir a su trabajo, se maquilló como las niñas emperifolladas a las que siempre buscó agradar en su oficina y se dispuso a ir a coger el bus al paradero más cercano, no iba a tomar el auto del cuerpo sin vida que antes era su marido para ir al trabajo, además, su mente estaba en otra parte, lejos y perdida sin saber qué hacer.

Los carros pasan presurosos y mojan a todo aquel que se interponga, es una tormenta enorme que suelta rayos y hace bramar hasta al mismo piso, al fin viene lo que ella estaba esperando por todo este tiempo, un camión a alta velocidad que acabaría con su sufrimiento y la libraría de la pesada carga que ahora oprimía su pecho.

Como es lógico, de ella solo quedó su cadáver destrozado por el enorme camión, solo quedó su bolso desparramado sobre la calle mientras llegan los servicios médicos, ahora Andrea por fin había encontrado lo que estaba buscando desde que su vida tomó tales giros inesperados: la muerte.