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Tuesday, 15 October 2013

Coma callado

"En sepia se ve más 'vintage', más 'kiut' para Instragram"


Veo que la tecnología nos atropella cada día más y más, ahora todo el mundo tiene teléfonos inteligentes, tienen iPhone, Galaxy y otras bellezas venidas de los más sobresalientes diseñadores, programadores y vendedores del mundo. Al menos nuestros teléfonos son inteligentes, porque los usuarios carecemos mucho de esa característica que le atribuimos a los aparatejos esos.

Y también ahora hay muchas aplicaciones para estos bellos “gadgets”: Tumblr, Pinterest, Facebook, Twitter, etc., que nos permiten compartir nuestros momentos con el resto de la gente; compartir está bien, mostrar que fuimos de paseo o que comimos con alguien es una cosa, pero eso de vanagloriarse de qué comimos y en qué lugar costoso lo hicimos es otro cuento.

Porque les cuento, así de pasada rápida, que el mundo está lo suficientemente jodido como para que sigamos con nuestro arribismo al mostrar con veinte filtros el pescado que estamos comiendo en “Chez Pierre” o las huevas de esturión que están en el plato mientras tanta gente pasa hambre a la vuelta de la esquina.

En serio les digo que las fotos que muestran en esas redes sociales con filtros de Instagram son solo muestras del arribismo pendejo que amamos muchos y que pocos se atreven a enfrentar. ¿De qué me sirve mostrar que estoy pagando 50 dólares por un plato cuando no soy capaz de ayudarle a una persona que en realidad está pasando hambre?

Pero no todo es malo, vamos por partes y pongamos algunos datos curiosos y delicioso como para que no nos sintamos tan bien poniendo nuestras fotos del sushi que nos estamos comiendo:

- Alrededor de 24.000 personas mueren cada día de hambre o de causas relacionadas con el hambre. Esto representa una reducción de 35.000 personas al día hace diez años y de 41.000 personas al día hace veinte años. Un 75% de los fallecidos son niños menores de cinco años. [1]

- La hambruna y las guerras causan sólo un 10% de las muertes por hambre, aun cuando éstas tienden a ser de las que se escuchan con mayor frecuencia. La mayoría de las muertes por hambre se deben a desnutrición crónica. Las familias sencillamente no consiguen suficientes alimentos. Esto, a su vez, se debe a la extrema pobreza.[2]

- Además de la muerte, la desnutrición crónica también causa discapacidades visuales, desgano, crecimiento deficiente y una susceptibilidad mucho mayor a padecer enfermedades. Las personas con desnutrición grave son incapaces de funcionar siquiera a un nivel básico.[3]

- Se estima que unos 800 millones de personas en el mundo sufren de hambre y desnutrición, una cantidad cerca de 100 veces mayor que el número de personas que efectivamente mueren por esas causas al año.[4]

- En un mundo donde la producción agrícola mundial podría ser suficiente para alimentar al doble de la población mundial, la cifra de personas que pasan hambre se ha incrementado en más de 1.000 millones durante los últimos 3 años. El alza de los precios de los alimentos en el mercado internacional ha sido la principal causa de este incremento, pero las causas que provocan el hambre son numerosas y complejas: políticas comerciales injustas, pobreza, falta de acceso a agua potable, situación de discriminación de la mujer, desastres naturales, violencia y conflictos armados, o pandemias, son algunas de ellas.[5]

Esos son solo unos pocos datos de los que debemos enorgullecernos como especie durante todos los días en los que ponemos fotos de comidas exóticas en nuestros muros y espacios virtuales, en los días que somos capaces de vivir con nuestra conciencia tranquila cuando derrochamos y botamos un poco de comida solo porque no llena nuestras expectativas mientras niños en las calles mueren de desnutrición o algunas personas solo tienen algunos granos y papas para cenar en la noche.

Pero felicitaciones, ahora todos ya saben que comiste en “Andrés Carne de Res” y que tu mundo es perfecto así como está, como es en realidad, con filtros y enmascarado con colores para que no veamos el vacío en tu alma… como dicen, mientras el primer mundo se muere de obesidad el tercer mundo muere de hambre.

Aunque no todo es sarcasmo y regaño disfrazado, por ejemplo, me hago una pregunta al aire (como Maná): ¿Y si en vez de estar "compartiendo" comida por Facebook o Instagram la compartiéramos con los que en verdad la necesitan, con aquellos que tienen hambre en el mundo? O si no es así ¿por qué mejor no comen mierda "light" (porque lo light esta de moda) y luego le aplican un efecto “vintage” en Instagram para que todos nos antojemos? Como a todos nos gusta aparentar, sería emocionante y perfecto!

Por eso, coma lo que quiera, coma sin complejos ni arribismos, pero coma callado…


[1] The Hunger Proyect, http://www.thp.org/
[2] The Institute for Food and Development Policy, http://www.foodfirst.org/
[3] World Food Program, http://www.wfp.org/
[4] Food and Agriculture Organization of the United Nations, http://www.fao.org/home/en/

Saturday, 28 July 2012

El Café - Bar


"Atendido por su propietario, siga Ud."

En estos días de iluminaciones olímpicas y de justas no tan justas (por lo de la tecnología que utilizan las grandes delegaciones) no había de qué escribir; y no es porque en el mundo o en Colombia falten las noticias que llenan de risa y rabia a todos los comediantes del país, no porque Dania se haya compuesto y ahora ya no venda el archipiélago, no porque ahora el vicepresidente siga siendo una marioneta o un florero más allá de su estado aletargado (bueno, más aletargado), sino porque debo decir que últimamente me está importando poco el devenir nacional.

Es que todo ahora es muy pesado, sino miren el nuevo partido que creó mi ex presidente Uribe con sus cofrades, con sus amigotes (esa es una palabra meramente maternal), ese centro de Puro pensamiento genital, y digo genital porque nos cree guevones a todos los colombianos (claro que no falta el que le vota nuevamente) para que volvamos a creer en la santidad de sus compinches en la cárcel. Pero así de repente, de una publicación sumamente seria, encontré tema, un tema angelical y sublime que me hizo retomar el oficio de escribir.

La noticia parece pendeja, pero no, no se confunda mi amado radioescucha, posee una grandeza en sí misma, es una noticia magnánima; se habla de que uno de los emblemas del norte de Bogotá, de uno de los lugares favoritos para tomarse fotos y que está lleno de maricaditas (como una piñata), ahora está sellado, está cerrado por evasión de impuestos (si, óigalo bien cuando jacte de oligarca y deje propina), por hacerle “conejo” a los aviones de la D.I.A.N.

Pues sí, el Hard Rock Café está sellado, cerrado por tramposo, por no tener sus cuentas claras. Pero a mí me parece que ya era hora! Lugar del demonio ese, en donde una comida puede salir lo de un día de trabajo sin que ello lo amerite, en donde ponen música normal y en donde su ambiente está lleno del mal gusto norteamericano: lleno de llaveros, guitarras y pendejaditas varias… ese lugar donde también se puede comprar una camiseta sencilla por cien mil pesos (eh?).

Más allá de alegrarme del cierre (lastimosamente temporal supongo) de ese antro del averno, de ese lugar que reúne a la “gente linda” de la élite capitalina, veo en ese acto una oportunidad de negocio, una oportunidad de crecimiento capital, pero más allá del simple y llano dinero, veo una oportunidad de reafirmarnos lo que somos los colombianos en un nuevo sentimiento, en un nuevo lugar.

Propongo que abramos nuestra propia versión de “Hard Rock Café”, pero que sí nos represente, que sea nuestro, muy nuestro, que esté lleno de esa “colombianidad” que tanto nos pasan los medios de comunicación por la cara últimamente.

Es que lo veo como un sueño hermoso y limpio, puro y sincero. Espero que abramos un café en un lugar más adecuado para tan alto oficio… me imagino un segundo piso en la 19, en el nunca bien ponderado centro de la ciudad y estaría adornado con todo lo que nos representa: 

Los letreros de “hoy no fío, mañana sí”, creo que serían imprescindibles, así como sombreros aguadeños, carrieles y por qué no, una burra, ya que eso representa nuestra cultura más amada y, a la vez, menos amada: la cultura paisa; porque hay que admitirlo, nos caen bien los paisas, son queridos, amables y serviciales (muchos de mis mejores amigos son de por allá), pero poco amamos su amor irrestricto por el dinero (cosa que los ha metido en muchos problemas y estereotipos) y su regionalismo avezado, además de su cuasi infinita “avispadez” y la facilidad de sacar ventaja de cualquier persona que se les atraviese. 

Pero continuemos; los que me conocen saben que la odio, odio profunda y visceralmente a esa persona, pero deberíamos tener algo de ella en el nuevo sitio, algo que la represente en toda su figura: un mechón del capul de Shakira, pero solo si es con la gomina que le echaron en el video de “Magia” (sí, soy monotemático), para que nos sintamos internacionales. También deberá estar el sombrero “vueltiao” (se escribe así?) que nos representa a todos los colombianos (sobre todo a los del interior), ese que yo vine a conocer a la tierna edad de 20 años por los malabares del destino; una ruana boyacense, un mocasín blanco del valle, un arpa para recordar a ese valle que le llaman llano y ya para terminar, algo de arte precolombino, algo como una vasija o cualquier cosa, da lo mismo porque los colombianos no tenemos nada de indio en nosotros, somos los europeos de américa latina, así que solo ponemos esas cosas de salvajes como punto de referencia más no como identidad. Porque hay que recordar que no hay indios en Colombia más que esos “indios mugrientos” del Cauca, como lo afirman muchos arios de raza pura y de sangre azul en los comentarios de internet.

Claro que si es un restaurante deberíamos ofrecer platos típicos, que nos llenen de pasión por la “colombianidad”  como ñero al horno, busetero sudado en salsa de Tropicana Estéreo,  comentarista deportivo al ajillo, sopa de Yidis, huevos a la Obdulio (o sea estrellados), sesos de mono con condimento de congresista, caldo de ojo (el preferido de Juanma), hormigas culonas de Soho, cabrito a la Oscar, encurtido de Grisales (pero viene con sal de frutas para pasar la indigestión de tanto cuero), pusandao de bagre (o de Azcárate), caldo de cola a la Cediel, sorbete de borojó (a ver si se para algo en este país), arepas a la Dania, Marbel Tolimense, una sopa de remiendos parlamentarios y el sancocho preferido: un sancocho “protagonistas de nuestra tele”, el cual me imagino será el más vendido a esa multitud que ama los menjurjes, sepan a lo que sepan. Ah, y sin duda, lo que más les gusta a los congresistas, senadores y gente linda del espectáculo: mucha, pero mucha Fritanga.

Es este lugar no puede faltar el merchandising, los objetos insulsos pero que fascinan a los comensales; deberían vender llaveros con la foto del Pibe, camisetas que digan “Uribe 2014 – 2200”, pistolas de juguete con el patrocinio del ex comisionado de paz, cuchillos Rito Alejo del Río que son mejores que los “Ginsu 2000”, la motosierra urabeña y lagartos encurtidos como Poncho Rentería o Yo José Gabriel.

Y así pues mis buenos amigos, deberíamos crear un lugar que nos una a todos, que nos identifique, en donde pongan sin cesar el segundo himno más hermoso del mundo (nacidos para “segundear”), que cocinen locro y mazamorra grande, chiquita, intermedia, caliente, fría, etc., que maten un marrano y cuatro gallinas, un lugar en el cual el animador estrella sea el mismísimo Uribe Vélez, que nos entretenga con su prosa versada, con su malabarismo político y con su alta habilidad de manejar bestias aunque después lo tumben de su lomo, ya sea una potra o Yidis.

Espero así que, alguien tome prestada mi idea y cree este lugar de mágicos encantos “macondianos” y nos liberemos de una vez de esos lugares extranjeros, que son malos y no saben a bueno... ah, y no pagan impuestos.

P.D.: Ahora hay gente ofendida porque los ingleses dijeron que el himno colombiano era uno de los más feos del mundo; pues debo decir que me vale madres (como dicen los mexicanos) lo que piensen un montón de estirados que aún tienen reyes (como si nosotros financiáramos con nuestros impuestos a un cacique o algo así), pero también quiero saber dónde fue el concurso para saber que nuestro himno es el “segundo mejor del mundo”… el himno simplemente es una expresión del patriotismo, de ahí a que sea mejor o peor es una reverenda estupidez, soy tan colombiano que voy a utilizar la frase argentina: lo que piensen del himno me chupa un huevo!

Otra: Critican tantas personas a R.C.N. y a Caracol Televisión, pero al final siguen viéndolos día tras día… de gente ridícula está lleno el mundo. Vuelvo y repito la frase de Friedrich Schiller “Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano”. Amén.

Thursday, 15 March 2012

Demueleme!


"Gracias por Iluminarme"
 
Los días pasan, a veces rápidamente, a veces con un letargo infinito; para estos últimos y frente al inevitable cierre de muchas páginas dedicadas a el entretenimiento gratuito como Cuevana, he estado descargando y viendo películas de toda índole: comedia, drama y acción. Debo aclarar que me gusta el buen cine como Quo Vadis (permita Dios mi venganza, le pediré que vivas hasta que regrese) o las producciones de Francis Ford Coppola y sus adaptaciones la novela del ítalo-americano Mario Puzo, pero a veces sucumbo ante el talento sin igual de algún Adam Sandler o un Ben Stiller. Fue en esa búsqueda interminable de películas que encontré un clásico de sábado por la tarde, de arrunche pre-matrimonial, uno que me dejó sin aliento, evidentemente no por su excelente guión sino por la verdad oculta que posee y que de alguna manera se me hizo descaradamente familiar.

Hablo de la deliciosa cinta que para el público latino se traduce como “El Demoledor” (Demolition Man), que es protagonizada por el guapetón Silvester Stallone, la comiquísima Sandra Bulock y por el extraño Wesley Snipes (claro, el villano violento y salvaje tenía que ser afroamericano). Es una cinta evidentemente banal y deductiva, con personajes poco cautivadores y con historias ridículas y fútiles de un futuro carente de emociones; una clásica producción de Hollywood para recaudar dinero, sobre todo cuando sale la versión en D.V.D.

Pero lo que me compete no es hacer una crítica destructiva sobre la película (algo en lo que soy bastante bueno), sino en hacer algunas comparaciones con el mundo actual. Primero que todo, hablan de un futuro sin violencia, cosa que anhelamos todos pero que dada la naturaleza humana será imposible de alcanzar; de un mundo un poco utópico. Pero dentro de este mundo distante, debo aclarar que no todo es bueno, no todo son pétalos de rosa: la comida debe ser controlada y debe venir en pastillas (cosa que ya estamos viendo para la desgracia infinita del paladar), los cigarrillos son ilegales por ser malos (aunque coarten nuestro divino derecho al libre desarrollo de la personalidad y al libre albedrío) y la invasión de comerciales baratos que toman el control del tiempo de los televidentes y ocupan casi toda la parrilla de programación, algo de lo que nos percatamos día a día en las cortinas que ponen cuando acaba un segmento de algún programa para anunciarnos “Dolex Forte” o cuando en YouTube queremos ver un video y nos encontramos con anuncios de vacaciones soñadas o programas que no nos interesan.

Y voy más allá; muestran a un villano que está en el poder (algo que ya no se ve en este mundo) y que controla todos los aspectos de la vida cotidiana, metiéndose incluso en la vida sexual de los habitantes de la ciudad edénica; es él mismo quien crea desordenes y pone en acción a un peligroso criminal y a su banda para infundir temor en sus conciudadanos, para así poder controlarlos mejor, para manipular a la gente y para que acepte sin miramientos los mandatos del jefe, del gobernante casto y puro con un aura de libertador y pacifista.

Cuando miré detenidamente no pude dejar de pensar que eso es precisamente lo que está pasando en el mundo actual: los alimentos cada vez son más medidos y puritanos, alejando de nosotros la deliciosa grasa, el azúcar que endulza nuestra vida, los carbohidratos llenadores y los conservantes (que sea dicho de paso sí son malos para la salud, pero que en sus justas medidas ayudan a que nuestros alimentos duren más y no tengamos que gastar onerosas cantidades de dinero en un supermercado), midiendo cada caloría, cada caloría que consumimos, ridiculizando a aquellos que no están en la onda “light” o que no están haciendo alguna dieta de Madonna o de Ricky Martin.  

Ya en otra parte del filme (así me dice la R.A.E. que se escribe en español) la referencia que hacen a los cigarrillos es muy precisa para definir lo que acontece hoy en día: se prohíbe fumar en lugares públicos (cosa que aplaudo por nosotros los no fumadores), se prohíbe hacer publicidad de ellos en medios masivos y aún peor, éstos son satanizados (con justa causa) hasta el punto de que aquellos que los consumen y los disfrutan terminarán haciéndolo a escondidas, vulnerando sus derechos civiles, mientras el “uso terapéutico” de ese cáñamo índigo llamado mariguana es cada vez más aceptado y menos castigado (me pregunto, será mera casualidad que se esté despenalizando ahora que Estados Unidos la produce?). 

En adición a todo lo anterior, nos muestran en la película cómo una seguidilla de comerciales es lo único que se escucha en la radio para desgracia del protagonista (con su capacidad histriónica sin límites); el paralelo no es difícil de descubrir: la interminable publicidad que nos bombardea en todo momento; es cierto que las marcas deben promocionarse para que aumenten sus ventas y por ende sus ganancias, pero no de esa manera obligatoria en que lo hacen ahora, cortando películas y videos y llevando hasta el límite de la cordura a todos aquellos que no queremos más que disfrutar de un momento de esparcimiento (nota: solo falta que ahora suspendan los videos a la mitad en YouTube para hablarnos de algún reality show o de un descuento en alguna aerolínea).

Y qué decir de la mención honorífica que hace la película de los gobernantes: crean bandos de buenos y de malos para hacernos sentir miedo de todo como lo hicieron con el Y2K, el comunismo, el terrorismo, el mamertismo y muchos más “ismos”, las guerrillas, los pobres palestinos y hasta a los mayas los metieron en la sopa. Infundan terrores solo para conservar su poder, para mantenerse en él y, no menos deplorable, para favorecer al capital y a las empresas que los hicieron llegar a las presidencias y otros cargos de elección popular (he ahí la falacia de la democracia: “la democracia no es más que la dictadura de las mayorías” – John Stuart Mill).

Sé que la película es intrascendente y no tenía la más mínima oportunidad de haber ganado ningún premio de la Academia, pero me hizo reflexionar acerca de todos aquellos cambios de la modernidad que afectan mis libertades y mis derechos; y eso que no quiero profundizar en el control de ubicación que utilizan para rastrear a todo ciudadano (no se preocupen, Google encontrará la forma de hacerlo o, en su defecto, Facebook, quién ávidamente venderá nuestra información personal por el sucio dinero), control al cual responde el protagonista diciendo “pues me  hubieran puesto una correa en el trasero” (John Spartan se le multa con cinco créditos por violar el estatuto de moralidad verbal). 

Aunque de lo que si me alegro es que no hayan signos, aparte de los republicanos, de la derecha recalcitrante o del Procurator, de controlar nuestra sexualidad y reducirla a coitos electrónicos sin intercambio de fluidos, a pesar de lo que quieran vendernos en algunos sitios pagados de encuentros virtuales con “latinas calientes” o “amorosas asiáticas”.

Gracias Demoledor, has abierto mis ojos!

P.D.: Pregunta capciosa para quien haya visto esta película con algo de detenimiento: sabe usted cómo carajos funcionan los tres caracoles?